Iván Tucurman Aloy

El dios de la duda

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Portada de El dios de la duda
Alguna vez, en un desierto existió un escultor que trabajaba sobre la arena inspirándose en las estrellas. Él hablaba con ellas sobre los misterios de la vida y también de banalidades, y aunque nunca conseguía una respuesta él disfrutaba de su compañía. Una noche como tantas en las que él rogaba por inspiración para su obra maestra, una estrella descendió de los cielos hasta el polvo. Al observarla, pensó que algo tan magnífico solo podría ser el alma de un dios. Así que empezó a hacer un molde que estuviera a la altura. Tenía que ser hermoso, virtuoso, capaz de hacer todo lo que él no podía y de superar todo lo que conocía, él lo nombró Najma. Lo primero que le dijo fue. “Eres perfecto” y desde ese momento lo trató con inmenso cariño y absoluta adoración asegurándose de enseñarle el arte del lenguaje y de la creación. Empezó con una casita de arena que hizo junto al escultor. Un día después, ya estaba levantando montañas, abriendo mares, creando bosques y selvas, entre otras cosas que hacía para pasar el rato. Tanto tiempo pasó jugando que cuando miró hacia su creador apenas quedaban sus huesos, todavía esperándolo en la casa de arena. Najma no le dio mucha importancia al suceso y lo resucitó al instante. Sin embargo, con el tiempo empezó a crecer en él la sensación de que ese ser no era el mismo que lo había creado.Tal cual lo recordaba él lo había reconstruido hueso por hueso, mas no sabía bien por qué pero sentía que era ligeramente distinto, ligeramente imperfecto. Así que lo intentó de nuevo y de nuevo y de nuevo. No importaba cuánto intentara siempre había algo que no encajaba. Fue entonces que conoció lo que es la incertidumbre. ¿Qué es lo que estoy haciendo mal? ¿Puedo moldear al mundo, pero no resucitar a este frágil ser? ¿Acaso no soy perfecto? Cada vez más profundas lo invadían día y noche esas preguntas que simplemente no podía responder. No obstante, Najma no se iba a rendir tan fácilmente, estaba dispuesto a ampliar su perspectiva, volverse uno con el mundo para así percibir toda variable y constante con tal de resolver el enigma. Había alcanzado el saber celestial y fue entonces que tuvo que enfrentar la irrefutable verdad de su imperfección. Estaba en todos lados y a la vez en ninguno, conocía todos los caminos más no el correcto, hasta las moscas podían prescindir de él y por si fuera poco seguía sin saber como traer de vuelta a aquel que con tanto amor y pasión lo había traído al mundo. Sumergido en un océano de indecisión su corazón empezó a quebrarse y sus fragmentos cada vez más pequeños se esparcieron por todo el horizonte. Una nueva raza surgió de estos, seres bellamente incompletos que vagaban solos y sin rumbo en una tierra sin dueño. Todos desearon lo mismo solos lo intentaron y solos fracasaron. Una sombra cayó sobre sus egos y la única escapatoria que se les ocurrió fue contar infinidades de historias de triunfo, todas distintas a la vez que iguales. Pudieron engañarse a ellos mismos, pero no a sus almas que siguieron quebrandose. Sus descendientes nacieron incluso más frágiles y casi sin recuerdos de lo que alguna vez fueron. Esto los hizo menos orgullosos, por lo que no tardaron mucho en agruparse. Fue en esa instancia que se creó la duda organizada, una serie de acuerdos y contratos tácitos qué decidían que era merecedor de duda y que no, que era mentira y qué era verdad. Ellos sufrieron, amaron, crearon y destruyeron en torno a esta y si bien la modificaron y manipularon numerosas veces nunca pudieron abandonarla. ¿Habrá un final para todas estas preguntas? ¿Encontrarán la tan ansiada paz al final de estas? ¿O no hay mejor alternativa que vivir en una duda organizada con todo lo malo y lo bueno que eso conlleva? No lo sé, estoy lleno de dudas.
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