Iván Tucurman Aloy

Esperando otro dragón

2 min de lectura 9 vistas
Portada de Esperando otro dragón
Soy feliz. ¿Y ahora? Eso me preguntaba terminada la celebración por haber matado al dragón. Fue una batalla legendaria en la que usé todo lo que aprendí en mi viaje cómo héroe. Al volver recibí todas las ovaciones que tanto había soñado y disfruté todos los placeres que tenían para ofrecer. Estuvo bien por un tiempo, sin embargo yo quería más aventuras. Viajé y viajé, pero todos estaban bien. Ese año las hojas cayeron como siempre El agua se cristalizó como siempre Florecieron las mismas flores de siempre Y me picaron los mismos mosquitos de siempre En el mundo solo quedaban historias de héroes que mataban dragones más grandes, y para mí, batallas con gusto a poco que apenas servían como pasatiempo de un año que se fue volando. En el otoño siguiente empecé a observar a las hormigas. Ellas trabajaban incansablemente, construían, iban a la guerra, se mudaban, se defendían entre ellas. Y a pesar de los esfuerzos de generaciones enteras, yo podía simplemente pisarlas sin dejar rastro alguno de que existieron. Podría ser su dios si quisiera, más el sol seguiría saliendo impasible de mi actuar. Ese año no encontré brujas en el bosque, pero sí una linda gata negra. No encontré el tesoro de los piratas, pero disfruté el cantar con los marineros bajo el claro de luna. Las estaciones pasaron como siempre, pero no todos los años escuché canciones tan bellas o lloré frente al atardecer acompañado por mi gata, mi plato de guiso y mi fogata. Nunca volví a sentirme tan vivo como al salir de esa cueva y gritar de pura adrenalina. Aunque, si abundaran de estos ya no serían tan especiales. Fue un buen año. En cuanto a mi presente, ahora mismo me siento, regular.
Comentar

Comentarios (0)

Todavía no hay comentarios. ¡Sé el primero en escribir!

Dejar un comentario